¿QUE TENES TANGO QUE NO TE PUEDO DEJAR?

Para bailar bien el Tango hay que sentirlo, si te pasa por el costado nunca no lo vas a bailar bien, en vez si te “parte” al medio, entonces no hay duda que lo bailaras con sentimiento.
Pasa algo parecido a lo de la poesía, la podes lees o recitas y ahí esta la diferencia.
Es que el tango permite expresarlo a través de la plasticidad de los distintos movimientos sean los pasos básicos, los ochos, la corrida, el caminado y/o las vueltas y así interpretar la melodía sin caer en lo acrobático que es otra cosa.
Hay una frase que define bien el concepto y es: ilustrar con el movimiento un argumento musical; esta es la definición que trae el diccionario de valet y con el tango pasa algo parecido ya que, aun cuando no se sepa leer una pagina musical siempre que escuchamos tocar una pieza nos sorprende pero, si además la vemos traducida en movimiento entonces experimentamos algo que nos cautiva.
Es que es ahí donde una pagina adquiere volumen o sea tercera dimensión, con lo cual sentimos la magia que implica gozar algo con dos sentidos, esta vez con el oído y la vista. Con el folklore nos pasa algo igual cuando con el movimiento seguimos a la melodía.
Pero en el tango hay algo más y es que también le incorporamos un tercer sentido, el del tacto a través del abrazo, con lo cual la pareja se siente a la vez contenida y continente máxime cuando se da el caso que ninguno de los dos se conocen pero perciben que coinciden desde el “vamos” en el movimiento lo que resulta una experiencia muy particular.
Pero si bien con estos tres sentidos bastaría para decir que el tango es único y distinto, todavía tiene aún algo más y es el compás, que tiene el ritmo del “cuore” como se lo llama en el tango, con lo que no seria impropio decir que, sin saberlo, actuar como un corrector, motivo por el cual los mayores se sientes bien solo con escucharlo y el porqué se manifiesta en muchos como una adicción que los llevas a decir en más de un caso: hasta hace poco no quería saber nada del tango y ahora no lo puedo dejar.

Fernando Dimas

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